La historia de Ramón Sampedro me pone muy triste. Y cuando él nos cuenta a todo lo que pasó aquel día en la playa, se hace más poderoso. Me sentiría fatal si yo fuera él por no poder hacer casi nunca de las cosas amados en mi vida. Es obvio que no podría caminar ni correr  ni por lo menos estar de pie.

            Nunca he conocido alguién personalmente que había sufrido un accidente grave sin morir. Conocí unas cuantas personas que murieron en un accidente de coche, pero nadie que ahogaba. Es interesante, como dice Ramón, que el choque después de saltó de las rocas que no le mató ni le causó ahogar.

            Ramón describe las pocas segundas desde tocar el fondo y llegar al superficie como muy lenta pero con muchas imágenes detalladas sobre su vida. En este pensamiento, Ramón estaba preparado salir de la vida hacia el cielo azul. Pero como conocemos, sus amigos lo salvaron. Es mi opinion que alguién que ha sufrido un evento muy doloroso y traumatico debe elijir que le importa más, una vida nueva y dura o un final, sé que parece lento, pero que se puede aceptar. Ramón no llevó su merecido. Debería ahogar o morir instantáneamente y por tener pulmones grandes sobrevivió en total el ultimo minuto y media de su vida normal. Quedó su mente y pensamientos y que me da el daño más fuerte es vivir con las memorias de amores sin la esperanza de amarse de nuevo.